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Liliana Ortiz Pérez alerta crisis de salud mental en México

 

Por Bruno Cortés

 

En la Cámara de Diputados, la diputada Liliana Ortiz Pérez puso sobre la mesa un tema que suele quedar en segundo plano, pero que cada vez pesa más: la salud mental. Y lo dijo sin rodeos, México no está llegando a tiempo.

El planteamiento es sencillo de entender: el sistema actual reacciona cuando el problema ya explotó. Es decir, cuando una persona ya está en crisis, cuando el daño ya está hecho. Lo que se propone es cambiar esa lógica y apostar por la prevención, detectar a tiempo y acompañar de forma constante.

Desde la perspectiva de política pública, esto implica algo importante: dejar de ver la salud mental como un asunto individual y empezar a tratarlo como un tema estructural. Es decir, que el Estado tenga un sistema que no dependa de la buena voluntad o de acciones aisladas, sino de estrategias claras y permanentes.

Especialistas que acompañaron el posicionamiento coincidieron en que el ritmo de vida actual está rebasando especialmente a niñas, niños y jóvenes. La presión social, los cambios tecnológicos y la falta de herramientas emocionales están generando un escenario donde cada vez más personas enfrentan problemas que no siempre saben cómo manejar.

Aquí entra otro punto clave: la educación emocional. La propuesta es que no se trate solo en terapia o en momentos de crisis, sino que forme parte de la educación desde edades tempranas. En términos simples, enseñar a manejar emociones, estrés y relaciones desde la escuela, igual que se enseñan matemáticas o español.

También se habló de equilibrar la atención entre salud física y mental. Hoy, el sistema de salud tiende a priorizar lo visible —una enfermedad, una lesión— mientras que lo emocional queda rezagado. La idea es que ambas dimensiones tengan el mismo peso en las políticas públicas.

Otro enfoque que se planteó es cambiar la forma en que se entiende la salud mental. No solo como la ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar que involucra a toda la comunidad. Esto abre la puerta a políticas más amplias, que incluyan desde entornos escolares hasta espacios laborales más saludables.

En pocas palabras, el mensaje es claro: no basta con atender crisis, hay que evitarlas. Y para eso se necesita un sistema que actúe antes, no después.

El reto no es menor. Implica inversión, capacitación de profesionales y cambios en la forma en que se diseñan las políticas públicas. Pero también refleja una realidad que ya no se puede ignorar: la salud mental dejó de ser un tema secundario y se está convirtiendo en una prioridad nacional.

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