Por Bruno Cortés
En la Cámara de Diputados no todo son reformas, debates y votaciones. Este viernes, entre canchas y balones, arrancó la segunda edición del llamado Mundialito Legislativo, una iniciativa encabezada por Ricardo Monreal Ávila que, aunque suena a simple torneo, en realidad forma parte de una estrategia más amplia de política pública: usar el deporte como herramienta social.
El evento reunió a legisladores, funcionarios y representantes del gobierno, pero también a jóvenes, universitarios y trabajadores, en una mezcla poco común para un espacio legislativo. La idea de fondo no es menor: aprovechar el contexto del próximo Copa Mundial de la FIFA 2026 para impulsar la activación física y generar oportunidades desde lo local.
Desde el gobierno federal, la apuesta es clara. Gabriela Cuevas Barrón, encargada de los trabajos rumbo al Mundial 2026, lo explicó sin rodeos: no se trata solo de organizar partidos en estadios, sino de convertir el evento en una celebración nacional que llegue a las 32 entidades. En ese plan entran más de 70 torneos y “mundialitos” como este, que buscan acercar el fútbol a jóvenes que difícilmente tendrían acceso a circuitos profesionales.
Ahí es donde entra la lógica de política pública. Programas como el llamado “Mundial Social” no solo promueven el deporte por entretenimiento, sino como una vía para mejorar la salud, prevenir problemáticas sociales y generar comunidad. En palabras simples: menos sedentarismo, más convivencia y, en el mejor de los casos, nuevas oportunidades para quienes ven en el fútbol una posible carrera.
Desde la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, encabezada por Rommel Pacheco, el mensaje fue en la misma línea: el deporte transforma vidas. Por eso, además del Mundialito Legislativo, ya se alistan torneos como la Copa Escolar, la Copa de Barrio o la Copa para los Trabajadores, cada uno enfocado en distintos sectores de la población.
Incluso voces como Luis Raúl González Pérez subrayaron que estos espacios no solo sirven para competir, sino para formar a jóvenes en valores como el respeto, la inclusión y la igualdad de oportunidades. Es decir, el fútbol visto no solo como espectáculo, sino como una herramienta de desarrollo integral.
Al final, lo que se jugó en esta inauguración no fue solo un penal simbólico, sino una idea: que desde el Congreso también se pueden impulsar políticas públicas que bajen al terreno, literalmente. Y en un país donde el fútbol es casi un idioma común, apostar por este tipo de iniciativas puede ser más efectivo de lo que parece para conectar con la gente.















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