Por Juan Pablo Ojeda
En un escenario internacional donde la cooperación vuelve a tomar protagonismo, el canciller Juan Ramón de la Fuente encabezó la participación mexicana en la X Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y en el Foro de Alto Nivel Celac-África, con una agenda enfocada en fortalecer el diálogo político y la cooperación regional.
La presencia de México en este tipo de encuentros no es casual. Responde a una línea clara de política exterior que apuesta por el multilateralismo, es decir, por resolver problemas entre varios países mediante acuerdos y no por imposiciones. De hecho, el propio gobierno mexicano ha insistido en que el diálogo es la vía principal para mantener la estabilidad internacional .
Durante la cumbre, De la Fuente sostuvo reuniones con cancilleres de distintos países de la región para avanzar en temas concretos como salud, migración y cooperación institucional. Por ejemplo, con Brasil se abordaron proyectos energéticos y sanitarios, además de facilitar el turismo mediante visas electrónicas. Con Uruguay, que asumirá un papel clave dentro del bloque, se replanteó el rumbo de la CELAC como espacio de coordinación regional.
En el caso de Guatemala y Cuba, las conversaciones giraron en torno a conectividad, seguridad y ayuda humanitaria, mientras que con Haití se reiteró el respaldo a sus procesos democráticos. También se retomaron canales de diálogo con países como Chile y Venezuela, lo que refleja un intento por mantener comunicación incluso en contextos políticos distintos.
Más allá de América Latina, la participación de México en el Foro Celac-África muestra una apuesta por ampliar su presencia internacional. Aquí entra el concepto de cooperación Sur-Sur, que en términos simples significa que países en desarrollo colaboren entre sí sin depender completamente de potencias tradicionales. En este espacio, México impulsó temas como seguridad alimentaria, salud y transición energética.
Además, el canciller sostuvo encuentros con figuras clave como el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el de Uruguay, Luis Lacalle Pou, así como con la vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez. Estos acercamientos buscan traducirse en acuerdos concretos que impacten en comercio, desarrollo y estabilidad regional.
El fondo de esta agenda es claro: México intenta posicionarse como un actor que promueve el diálogo, la no intervención y la cooperación para el desarrollo. En un contexto global marcado por tensiones, este tipo de participación busca reforzar la idea de que los problemas internacionales se resuelven mejor en conjunto que de forma unilateral.
Así, la gira diplomática no solo representa reuniones y acuerdos, sino una estrategia para mantener a México activo en los espacios donde se definen las reglas del juego internacional.















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