Por Juan Pablo Ojeda
Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo salió al paso de las críticas y dejó clara su postura: su iniciativa de reforma electoral no busca regresar al modelo de partido único ni al llamado partido de Estado que marcó una etapa del siglo pasado en México.
En su conferencia matutina, la mandataria recordó que durante la campaña presidencial se comprometió a enviar una reforma constitucional con dos objetivos concretos: reducir el costo de las elecciones y eliminar las listas de representación proporcional conocidas como “plurinominales”. Según explicó, no se trata de desaparecer la representación proporcional, sino de cambiar la forma en que se eligen esos perfiles.
“La representación se mantiene como está en la ley; la diferencia es que ya no serían listas definidas por los partidos, sino personas electas”, sostuvo. Con ello, busca responder a una demanda que, asegura, ha escuchado durante años: que el sistema electoral sea menos costoso y más directo en la elección de legisladores.
Sheinbaum fue enfática en rechazar cualquier señalamiento sobre un intento de concentrar el poder. “Nadie quiere regresar a partido único”, dijo, al tiempo que recordó que su generación vivió el modelo de partido dominante y no pretende repetirlo. También marcó distancia frente a lo que llamó “la democracia de las élites”, insistiendo en que su propuesta apunta a una mayor conexión entre ciudadanía y representantes.
La iniciativa será enviada al Congreso la próxima semana y, aunque la oposición ha advertido que no cuenta con los votos suficientes para prosperar, la presidenta negó que el proyecto “nazca muerto”. Desde su perspectiva, cumplir con el compromiso de enviarla ya representa una responsabilidad asumida ante el electorado. Si no avanza, afirmó, será decisión de las fuerzas políticas que prefieran mantener el esquema actual.
El debate apenas comienza. Más allá de los discursos, el fondo de la discusión será si la reforma logra equilibrar ahorro presupuestal, pluralidad política y confianza ciudadana en el sistema electoral, en un país donde cualquier cambio en las reglas del juego democrático genera inevitablemente tensiones.















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