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Más mujeres en ciencia, clave para el desarrollo nacional

Por Bruno Cortés

 

En el Congreso, donde muchas veces se discuten presupuestos, reformas y pleitos partidistas, esta vez la conversación fue distinta. La diputada Margarita García García puso sobre la mesa un tema que parece académico, pero que en realidad toca el bolsillo y el futuro del país: más mujeres y niñas en la ciencia no es solo inclusión, es estrategia económica.

Durante el foro por el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, especialistas dejaron algo claro: no se trata de desplazar a los hombres ni de entrar en una competencia de géneros. Se trata de sumar talento. La académica Marusia Rentería Villalobos lo explicó en términos sencillos: las mujeres no llegan a sustituir, llegan a complementar. Más miradas en un laboratorio, en un centro de innovación o en una empresa tecnológica significan mejores resultados.

Hoy, apenas alrededor del 33 por ciento de quienes se dedican a actividades científicas y tecnológicas son mujeres. Es decir, el país está usando poco más de la mitad de su potencial. Y en un contexto donde México compite por inversiones, por desarrollo tecnológico y por soberanía energética y sanitaria, eso no es un dato menor.

La maestra María Elena Barrera Bustillos, presidenta del Colegio Nacional de Ingenieros Químicos, lo puso en términos económicos: excluir mujeres de las carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— no solo es injusto, también le pega al Producto Interno Bruto. Aunque más de la mitad de la matrícula universitaria en México son mujeres, en ingenierías y ciencias apenas rondan el 30 por ciento. Traducido: hay talento, pero no está entrando a los sectores que más crecimiento generan.

Desde la perspectiva legislativa, este tipo de foros no son solo actos simbólicos. En el Congreso mexicano, cuando se habla de política pública en ciencia y tecnología, se habla de presupuesto, de incentivos fiscales, de becas, de orientación educativa y de cómo se diseñan programas desde la infancia. Ahí es donde el discurso se vuelve acción.

Jacqueline Zenteno recordó que la ciencia no es ideología, es método: cuestionar, experimentar y concluir. Y ese método debería permear no solo los laboratorios, sino también la forma en que se diseñan políticas públicas. Si hay evidencia de que integrar más mujeres mejora resultados y crecimiento, entonces no es una concesión, es una decisión técnica.

La ingeniera Magdalena Alvarado Manzano llevó el debate al punto más sensible: la infancia. Cada niña que abandona una vocación científica por falta de apoyo, acompañamiento o referentes, es talento que el país pierde. México, dijo, no tiene un problema de capacidad; tiene un problema de continuidad. Y eso empieza en casa, en la escuela y también en cómo el Estado orienta recursos.

En términos simples: si el país quiere más innovación, mejores salarios, más empresas tecnológicas y menos dependencia del extranjero, necesita aprovechar todo su talento disponible. Y eso incluye, sin discusión, a las mujeres. Lo que se habló en el foro no es solo una bandera de igualdad; es una apuesta por el desarrollo nacional con visión de largo plazo.

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