Por Juan Pablo Ojeda
El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, salió al paso de las críticas de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el uso de encuestas para definir candidaturas rumbo a 2027, y dejó claro que el debate no es el método, sino cómo se aplica.
Desde su cuenta en redes sociales, Romero negó que su partido haya cuestionado las encuestas como herramienta. Lo que sí —dijo— ha sido motivo de crítica es que no se respeten sus resultados, como asegura ocurrió en el proceso electoral de 2024, particularmente en la definición de la candidatura en la Ciudad de México.
En términos sencillos, el panista intenta marcar una diferencia política: no rechaza el mecanismo, pero sí la forma en que, según su versión, se ha utilizado en Morena. Bajo esa lógica, promete que en el PAN las encuestas sí serán vinculantes y no un trámite político para legitimar decisiones ya tomadas.
La polémica surge luego de que Sheinbaum ironizara sobre el anuncio del PAN de adoptar este método, recordando que durante años fue criticado por ese mismo partido. Incluso, desde Morena, voces como la de Luisa María Alcalde también señalaron la aparente contradicción.
Romero, sin embargo, subió el tono del debate al acusar que en Morena se han permitido candidaturas de personas con presuntos vínculos cuestionables, algo que —aseguró— no ocurrirá en Acción Nacional, donde se buscará abrir el proceso a ciudadanos y perfiles “honestos”.
Este intercambio refleja algo más de fondo: la disputa por los métodos de selección interna se ha convertido en una batalla política en sí misma. Las encuestas, que en teoría buscan medir la preferencia ciudadana, también funcionan como herramientas de control interno dentro de los partidos.
En el caso del PAN, la apuesta es abrir candidaturas a ciudadanos sin militancia, lo que implica un giro en su tradición más cerrada. La promesa es que cualquier persona interesada pueda competir, siempre y cuando supere el filtro de opinión pública.
Lo que está en juego no es menor. De cara a 2027, los partidos no solo definirán candidatos, sino también la narrativa con la que buscarán conectar con un electorado cada vez más escéptico. Y en esa batalla, la credibilidad de los procesos internos será clave.















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