Por Juan Pablo Ojeda
La más reciente participación de Ricardo Anaya en el Senado volvió a exhibir la distancia entre la visión del panista y la postura que ha sostenido el expresidente Andrés Manuel López Obrador frente a Venezuela y su mandatario, Nicolás Maduro. Desde tribuna, Anaya fue directo y calificó como “patética” la defensa que AMLO ha hecho del régimen venezolano, al considerar que ese debate distrae de los problemas que realmente afectan a los mexicanos.
Para el senador, la prioridad no debería estar en justificar o respaldar a un gobierno extranjero, sino en asumir responsabilidades internas. En ese contexto, señaló que lo verdaderamente importante es que el expresidente dé la cara a las 14 familias afectadas por el accidente del Tren Interoceánico ocurrido el pasado 28 de diciembre, un hecho que, a su juicio, refleja una combinación de ineptitud, corrupción y falta de ética pública.
Anaya utilizó ese caso como ejemplo de lo que considera una mala gestión gubernamental. Criticó que AMLO haya designado a su hijo como supervisor de la obra y recordó declaraciones de un sobrino del exmandatario que, según dijo, habrían minimizado los riesgos de utilizar materiales de baja calidad. Para el panista, decisiones como esas no son menores y terminan teniendo consecuencias trágicas.
En materia de política exterior, Anaya sostuvo que el respaldo del oficialismo mexicano a Maduro no se basa en principios democráticos, sino en un temor a posibles consecuencias legales derivadas de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU relacionadas con el combate al terrorismo. Desde su perspectiva, el gobierno federal ha optado por cerrar los ojos ante las denuncias internacionales por violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Venezuela.
El senador también cuestionó la legitimidad de los procesos electorales venezolanos y recordó que en 2018 más de cincuenta países reconocieron a Juan Guaidó como presidente interino tras considerar fraudulentas las elecciones. A su juicio, en 2024 se repitieron prácticas como la exclusión de opositores y la falta de transparencia, sin que el gobierno mexicano haya fijado una postura crítica.
Del otro lado, López Obrador ha defendido públicamente su posición. En mensajes difundidos en redes sociales, el expresidente rechazó cualquier tipo de intervención extranjera en Venezuela, apeló al principio juarista de respeto al derecho ajeno y calificó como un atentado a la soberanía cualquier acción contra el gobierno venezolano. También reiteró su respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum y llamó a evitar políticas de imposición en el ámbito internacional.
El choque entre Anaya y AMLO no solo refleja una diferencia de opiniones sobre Venezuela, sino un debate más amplio sobre las prioridades del país: si México debe concentrarse en fijar postura frente a conflictos internacionales o enfocarse, primero, en resolver sus propios pendientes en materia de justicia, transparencia y rendición de cuentas.















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