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Celia Fonseca impulsa deporte como política pública para jóvenes

 

Por Bruno Cortés

 

En la Cámara de Diputados no todo son discusiones y reformas complicadas; también hay espacios donde se habla de cómo cambiar la vida diaria de la gente desde algo tan cercano como el deporte. Así lo dejó claro la diputada Celia Esther Fonseca Galicia, quien organizó un foro con un mensaje sencillo pero de fondo profundo: el deporte puede ser una política pública que realmente transforme al país.

La idea no es complicada, pero sí poderosa. Cuando el gobierno impulsa el deporte no solo está promoviendo que la gente haga ejercicio, está invirtiendo en prevención de violencia, en salud y en oportunidades para jóvenes que muchas veces crecen en contextos difíciles. Fonseca lo explicó en términos muy claros: detrás de cada cancha hay historias de niñas y niños que encontraron una salida, una disciplina y hasta un propósito de vida.

Lo que se discutió en este foro tiene que ver con cómo el Estado puede facilitar que más jóvenes lleguen a selecciones nacionales sin que el dinero sea un obstáculo. Porque hoy en México, aunque haya talento, muchas familias no pueden costear viajes, entrenamientos o competencias. Ahí es donde entran las políticas públicas: becas, apoyos, infraestructura y menos trámites burocráticos.

En ese mismo sentido, el diputado Manuel Baldenebro Arredondo reforzó la idea de que el deporte y la educación son una dupla clave. Básicamente, lo que se busca es formar ciudadanos más disciplinados, constantes y con herramientas para salir adelante, no solo atletas de alto rendimiento.

Desde el lado deportivo, Israel Hermosillo Hernández puso el dedo en la llaga: el talento existe, pero muchas veces se pierde por falta de apoyo. Por eso, el proyecto que impulsa busca abrir puertas a becas incluso en el extranjero, principalmente en países como Estados Unidos o España, donde el deporte puede convertirse en una vía real de desarrollo profesional.

A nivel local, voces como la de Jonathan Riviello García recordaron que el deporte también enseña algo que no siempre se aprende en la escuela: resiliencia. Es decir, la capacidad de levantarse cuando las cosas no salen bien, algo clave tanto en la cancha como en la vida.

Y es que, aunque suene idealista, la lógica detrás de todo esto es bastante práctica: cada peso invertido en deporte puede significar menos gasto en seguridad, menos jóvenes en contextos de violencia y más oportunidades de movilidad social. En palabras simples, abrir espacios deportivos puede cerrar caminos hacia la delincuencia.

Al final, lo que dejó este encuentro es una idea clara: el deporte no es un lujo ni un extra, sino una herramienta que, bien usada desde el gobierno, puede cambiar historias completas. Y ahí es donde el Congreso empieza a jugar un papel importante, no solo legislando, sino empujando proyectos que conecten con la realidad de millones de jóvenes en el país.

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