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CJNG mantiene fuerza pese a muerte de El Mencho: Harfuch

 

Por Juan Pablo Ojeda

 

A casi un mes del asesinato de Rubén Oseguera Cervantes, el panorama de seguridad en México deja una conclusión clara: el Cártel Jalisco Nueva Generación sigue siendo una de las estructuras delictivas más poderosas del país.

Así lo confirmó el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien explicó que, aunque la neutralización de su líder representa un golpe importante, no implica la desaparición ni el colapso del grupo criminal. Por el contrario, subrayó que el CJNG mantiene presencia en múltiples estados y conserva una alta capacidad operativa.

En términos prácticos, esto significa que la estructura del cártel no dependía únicamente de una sola figura. Como ocurre con otras organizaciones criminales, existe una red de mandos y células que permiten mantener operaciones incluso tras la caída de su principal líder. Es decir, hay un impacto, pero no un desmantelamiento.

Harfuch también evitó precisar detalles sobre bienes asegurados o cuentas congeladas vinculadas a Oseguera Cervantes, señalando que será la Fiscalía General de la República, encabezada por Ernestina Godoy, la encargada de informar sobre los avances en las investigaciones ministeriales derivadas de los operativos realizados por fuerzas federales.

En paralelo, el escenario dentro del cártel parece moverse. Reportes recientes, difundidos por The Wall Street Journal, apuntan a que el liderazgo del CJNG habría pasado a manos de Juan Carlos Valencia González, hijastro de El Mencho. De confirmarse, se trataría de una transición interna que busca mantener la continuidad operativa de la organización.

El perfil de Valencia González no es menor. Es hijo de Armando Valencia Cornelio, una figura histórica del narcotráfico en México, lo que refleja cómo estas estructuras suelen mantenerse dentro de círculos familiares o de confianza.

Además, el CJNG no es un grupo local. De acuerdo con distintas evaluaciones, tiene presencia en gran parte del territorio nacional y operaciones en decenas de países, lo que lo convierte en una red con alcance internacional y capacidad de adaptación.

El mensaje de las autoridades es claro: la eliminación de un líder no equivale a la desaparición del problema. En materia de seguridad, el reto no solo es golpear las cabezas visibles, sino desarticular las estructuras completas que sostienen a estas organizaciones.

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