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Monreal marca distancia: el monrealismo no es herencia, es movimiento político

En medio de la efervescencia política que se vive en Zacatecas, Ricardo Monreal Ávila decidió salir al paso de las interpretaciones que rodean al llamado “monrealismo”. Con un mensaje directo y sin rodeos, el legislador aclaró que esta corriente no responde a una lógica familiar ni a una dinastía política, sino que se trata de un movimiento social y político con raíces que se remontan a finales del siglo pasado.

Monreal recordó que el origen del monrealismo data de 1998, año que marcó un parteaguas en la historia política de Zacatecas. Fue entonces cuando, tras una ruptura que redefinió equilibrios locales, logró la gubernatura del estado y consolidó una corriente identificada con la izquierda. Desde entonces, sostuvo, su militancia ha sido consistente y alineada con ese proyecto ideológico. En esa trayectoria destacó su acompañamiento al presidente Andrés Manuel López Obrador, subrayando que no se trata de una adhesión coyuntural, sino de una convicción sostenida a lo largo del tiempo.

El senador planteó que el monrealismo debe entenderse como una estructura política con identidad propia, construida a partir de una base social organizada y no como un patrimonio familiar. Esta precisión cobra relevancia en un contexto donde las disputas internas y los señalamientos sobre posibles herencias políticas han cobrado fuerza en el debate público. Para Monreal, reducir el movimiento a un asunto de apellidos desdibuja su carácter histórico y colectivo.

Sin embargo, el legislador no evadió un punto clave: el desgaste del poder. Reconoció que gobernar implica costos políticos y que el ejercicio prolongado de la administración pública inevitablemente erosiona capital político. “El gobierno desgasta también”, admitió, en una declaración que refleja conciencia sobre el momento que atraviesan las fuerzas en el poder. En ese reconocimiento hay un mensaje implícito: la permanencia no está garantizada y la competencia se intensifica conforme avanzan los ciclos electorales.

En ese escenario, Monreal advirtió que en los próximos procesos estatales la competencia podría cerrarse. Anticipó que habrá actores dispuestos a aprovechar cualquier fisura interna para debilitar la estructura política construida en torno a su corriente y al partido en el que milita. De ahí su insistencia en la necesidad de cerrar filas y preservar la cohesión. Más que un llamado retórico, su mensaje apunta a evitar fragmentaciones que puedan traducirse en pérdidas electorales.

La unidad, insistió, es condición indispensable para sostener la fuerza del movimiento. El monrealismo —según su definición— no depende de una figura individual, sino de una red política con historia, militancia y presencia territorial. Por ello, apeló a la disciplina partidista y a la memoria política de quienes han acompañado el proyecto desde sus inicios.

Con la mirada puesta en el horizonte electoral, Monreal dejó claro que minimizar a la oposición o dar por sentadas las victorias sería un error estratégico. Su apuesta es blindar el bastión zacatecano a partir de la identidad construida desde 1998 y reforzar la cohesión interna frente a un entorno donde las pugnas locales y las ambiciones personales forman parte de la dinámica cotidiana.

Así, el senador busca redefinir el debate sobre el monrealismo: no como una herencia familiar, sino como una corriente política con historia propia que enfrenta, como toda fuerza en el poder, el desafío del desgaste y la prueba de la unidad.

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