Por Bruno Cortés
En el Congreso, donde se supone que se revisa, se cuestiona y se equilibra el poder, hay una silla vacía que lleva casi cuatro años sin ocuparse. De eso habló el diputado Rubén Moreira Valdez, coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, cuando lanzó una crítica directa: no se ha instalado la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional, una de las instancias más importantes para vigilar cómo actúa el Estado en temas delicados como inteligencia, fuerzas armadas y seguridad interior.
Dicho en sencillo, esta comisión funciona como un “ojo del Congreso” sobre las decisiones más sensibles del gobierno. Su ausencia, explica Moreira, no es un tema técnico ni burocrático, sino un problema de fondo: sin ella, el Poder Legislativo deja de ser un contrapeso real y se vuelve un espectador. Para el legislador, el Congreso no está para aplaudir ni para hacer relaciones públicas, sino para revisar a fondo lo que hace el Ejecutivo, incluso cuando el partido en el poder tiene mayoría.
La crítica se conecta con un tema que ha generado inquietud pública: la entrega de más de 30 narcotraficantes a Estados Unidos. Moreira reconoce que muchos de ellos tenían cuentas pendientes con la justicia estadounidense, pero advierte un riesgo poco discutido: que cumplan condenas allá y nunca regresen a México a responder por la violencia que dejaron aquí. En pocas palabras, que el castigo se quede incompleto y que algunos terminen beneficiados por acuerdos en el extranjero, mientras en México quedan las víctimas.
El legislador también se refirió a otro asunto que suele pasar rápido pero es clave en el funcionamiento del Estado: los nombramientos diplomáticos. Sobre la ratificación de Alejandro Gertz Manero como embajador en el Reino Unido, señaló que la ley marca un camino claro: comisión, debate, comparecencia y votación. Acelerar esos pasos, dijo, no es necesario y solo genera confusión. No cuestiona la capacidad profesional del personaje, sino la forma en que Morena suele empujar los trámites, adelantándose a los procesos y, con ello, desgastando a la propia Presidencia.
En materia de seguridad y relación con Estados Unidos, Moreira puso el dedo en una preocupación mayor: la opacidad. Tras el anuncio de vuelos de aeronaves militares estadounidenses en ciertas zonas del país y el aterrizaje de un avión militar en Toluca, rechazó la explicación oficial. Para él, no es un detalle menor que se trate de aeronaves militares tripuladas por personal extranjero, con capacidad tecnológica para recolectar información sensible.
El mensaje es claro: no se trata de rechazar la cooperación internacional, sino de exigir reglas claras y transparencia. Saber quién vino, a qué vino y con qué autorización. De lo contrario, advirtió, México corre el riesgo de permitir operaciones militares de alta tecnología en su territorio sin un control democrático real.
En el fondo, la postura de Moreira resume una preocupación que va más allá de partidos: cuando el Congreso no ejerce su papel de vigilancia, se abren espacios de incertidumbre en temas tan delicados como seguridad nacional, justicia y soberanía. Y esos huecos, tarde o temprano, los paga la ciudadanía.
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