Por Bruno Cortés
Por primera vez, una reforma electoral no llega al Congreso desde un partido o desde el gobierno, sino desde la propia ciudadanía. La Cámara de Diputados fue notificada oficialmente por el Instituto Nacional Electoral de que ya se cumplieron todos los requisitos legales para que arranque el proceso legislativo de una iniciativa ciudadana en materia electoral, un hecho inédito que abre una nueva etapa en la relación entre sociedad y Poder Legislativo.
La presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, informó que el INE validó 136 mil 875 firmas, el número mínimo que exige la ley para que una propuesta ciudadana pueda discutirse en el Congreso. En términos simples, eso significa que suficientes ciudadanos pusieron su nombre y su credencial sobre la mesa para decir: “esto queremos que se discuta”. Las firmas fueron revisadas y confirmadas mediante la aplicación oficial del órgano electoral, lo que dio certeza al proceso.
La iniciativa fue promovida por el colectivo Salvemos la Democracia y ahora seguirá el mismo camino que cualquier otra propuesta legislativa. La notificación será presentada ante la Comisión Permanente y, una vez cumplido ese paso, se turnará formalmente a la Cámara de Diputados para su análisis en comisiones. No es aprobación automática, pero sí el arranque formal de la discusión.
El contenido de la propuesta apunta alto: plantea cambios a cinco artículos de la Constitución relacionados con el sistema electoral. Los detalles técnicos serán revisados más adelante, pero el fondo del asunto es claro: la ciudadanía está utilizando una herramienta legal que pocas veces se activa para incidir directamente en las reglas del juego democrático.
En medio de este contexto, Kenia López Rabadán sostuvo un encuentro con José Woldenberg, expresidente del IFE, una figura clave en la historia electoral del país. La conversación no fue menor. Woldenberg encabezó al instituto electoral en el año 2000, cuando se organizó la elección que marcó la primera alternancia presidencial en décadas, y su experiencia sirve como punto de referencia en el debate actual.
Durante ese diálogo surgieron alertas que hoy están en el centro de la discusión política. Una de ellas es la sobrerrepresentación legislativa, que actualmente supera el 20 por ciento y que, según Woldenberg, no se veía desde los años cincuenta. En palabras sencillas, esto ocurre cuando el número de curules no refleja de manera proporcional los votos que recibió cada fuerza política, lo que puede distorsionar la voluntad popular.
También se pusieron sobre la mesa otros riesgos: reformas que beneficien a actores específicos, cambios que alteren el equilibrio entre las autoridades electorales, posibles golpes a la confianza ciudadana y decisiones que reduzcan la pluralidad política. Todo esto, advirtió, debe analizarse con cuidado, porque tocar las reglas electorales siempre tiene consecuencias de largo plazo.
López Rabadán subrayó que el Congreso dará trámite a esta iniciativa conforme a la ley y por los cauces institucionales, dejando claro que el debate apenas comienza. Más allá de si la reforma avanza o no, el hecho ya es relevante: la ciudadanía logró llevar una propuesta constitucional hasta la puerta del Congreso, algo poco común en la historia reciente.
En un momento en el que la reforma electoral genera tensiones políticas, esta iniciativa ciudadana se convierte en un recordatorio de que la democracia no solo se juega en las urnas, sino también en la capacidad de la sociedad para participar, organizarse y exigir que su voz sea escuchada en las decisiones clave del país.















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